domingo, 3 de septiembre de 2017

Roberto Balaguer y la generación conectada




La escena del joven que no despega sus ojos del teléfono inteligente o la Tablet, suspendido momentáneamente de las dinámicas del llamado mundo exterior nos resulta sumamente familiar, quizás incómoda para algunos adultos, y es la imagen que ilustra el punto de partida de “Vivir en la nube. Adolescencia en tiempos digitales” de Roberto Balaguer. La escena es el eje que sostiene esta investigación sobre la hiperconexión de los adolescentes a Internet, y específicamente a las redes sociales. Fenómeno común y consecuencia de los cambios que ha generado la nueva y cambiante tecnología. Pero Balaguer se centra en productos de consumo más bien corrientes como el teléfono celular y, sobre todo, el mundo y sus complejas y dinámicas relaciones que se despliegan gracias a este pequeño aparato. Y es que Internet pasó a ser la “Nueva matriz cultural” y su establecimiento dentro de la vida cotidiana ya ha generado cambios importantes en los modos de estar y relacionarlos con el mundo que es una forma de establecer vínculos con los demás. Puede que a la llamada “Generación red” (nacidos después de 1988) y la “Generación Touch” (la llamada así por el cambio generado gracias a la entrada de las tablets -y su tocar para ver qué pasa-) esta dependencia a la tecnología sea parte de su estructura, sin embargo, otras generaciones mayores también se vean afectadas por la invasión de las nuevas redes de comunicación. ¿cuántas personas conocemos que no usen una red social en comparación con las que sí están en ellas?
Entrar en Internet es navegar por un mar de información, sin tierra firme a la vista. Todo parece estar ahí, incluso se puede repetir con tinte dramático que si no está en la web no existe. Capas de información que no cesan en multiplicarse es la casa virtual donde pasamos una parte importante de nuestras horas de vida. Para las nuevas generaciones el valor de este no-lugar que es la web es más importante incluso que el del espacio físico, digamos las cuatro paredes en concreto o las personas en carne y hueso. No es casual pues la torpeza ante deberes cotidianos y la cantidad de horas invertidas en las redes sociales.  Tiempo de sociabilidad y ocio mayormente, de sucinta crónica de la vida porque ahora el relato íntimo, cotidiano se muestra, es parte del público, eso sí en 140 caracteres, en audios de WhatsApp o fotografías en Instagram. Como sabemos, la adolescencia entre otras cosas, es una etapa de búsqueda y construcción de identidad y la ilusión de seguridad que otorga la web permite mirar y mostrarse con una máscara más acorde con una identidad deseable. La urgencia típica de los jóvenes de ser atendidos y aceptados en el espacio virtual se remarca y les da un alto grado de vulnerabilidad ante manipuladores y acosadores que ofrecen falsas relaciones especiales y tramposa atención y ayuda.
Ante esta realidad diaria y corriente para jóvenes y otros no tanto Balanguer no es ni defensor ni despotrica ante el hecho, sino que con inteligencia muestra un fenómeno visto con sus distintos matices, de allí que no dude en dar herramientas a los padres que ven en los hijos hiperconectados un problema que no pueden solucionar quitándoles el Internet. En este sentido, Balaguer muestra un listado sustancioso de aplicaciones que pueden ser ayudantes del siglo XXI en los deberes paternales, usando el mismo lenguaje que sus hijos. No niega que los vínculos entre padres e hijos hayan cambiado y en medio esté un smarphone donde se vilsumbra un activo twiter, Instagram, Snapchat y youtube porque, en otras palabras, para los jóvenes es un modo de pensar moldeado desde lo tecnológico.
Las nuevas generaciones se pueden representar como vidas conectadas, cuyos celulares son más una extensión del cuerpo que un accesorio y con esa extremidad artificial se piensa de forma fragmentaria, sintética, en imágenes, en términos de seguidores, con más ánimo de sociabilizar y trabajar en conjunto porque se piensa en función de otro, se le habla a un interlocutor según se constata en las redes sociales. Todo esto a velocidad alta subrayando la condición efímera de todo. Ante este fenómeno que viene a reformular todos los ámbitos de las relaciones Balaguer plantea nuevas preguntas en un área donde el temblor de la tecnología hace más ruido: la educación. ¿para qué prepara la escuela tomando en cuenta el fenómeno de la hiperconexión? ¿los métodos de enseñanza se alinean con las dinámicas digitales que mueven y aceleran el mundo?  Como recalca el autor más que plantear si se debe permitir el uso de un smarphone en el aula de clases la cuestión sería cómo alinear ese aparato a proyectos educativos, cómo hacer, sobre todo, para construir ciudadanos digitales cuya dirección sea manejar una herramienta y no al revés.  







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