lunes, 10 de diciembre de 2018

Mario Bellatin. El perro de Fogwill


Mario Bellatin, El perro de Fogwill (2015), ilustraciones de Zsu Szkurka. Montevideo: Criatura Editora

viernes, 7 de diciembre de 2018

Octavio Armand. Como escribir con erizo.










Octavio Armand, del libro "Como escribir con erizo" (1976), Mérida: Consejo de publicaciones Universidad de los Andes.


Pasear lunático


Jairo Rojas Rojas entrevista



Jairo Rojas Rojas y Federico Machado




"Un golpe de tu dedo sobre el tambor descarga todos los sonidos e inicia la nueva armonía..."Cambia nuestros lotes, criba las plagas, empezando por el tiempo", te cantan esos niños. "Eleva no importa adónde la sustancia de nuestras fortunas y nuestros anhelos", te ruegan" A. Rimbaud. 

viernes, 19 de octubre de 2018

Pasear Lunático





Por Martín Palacio Gamboa.

Quizás para los que ya hemos recorrido cuanto slam o cuanta ronda de lectura apareciera, la poesía de Jairo Rojas Rojas (Mérida, Venezuela, 1980) ya es un registro conocido. Y hablamos de un registro quizás no muy trabajado a lo largo de nuestra tradición literaria: el de la poesía visionaria. Y es en esta modalidad que el texto se instala como una zona habitable y prodigiosa donde el individuo pierde su centro para integrarse en lo mágico-religioso como si fuera un ejercicio chamánico. Dicho texto, por su misma acentricidad, termina asemejándose a Dios, el cual puede compararse a una figura circular cuyo centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna, y la escritura esconde vehementemente su centro.

De allí que la palabra, diseminada, persiga el infinito, el fin de lo perecedero, alcanzar el espectáculo de lo absoluto y contener una forma de lo divino en los subterfugios de la página. Y esa acentricidad, la evidencia de esos subterfugios, es graficada en buena parte de "Pasear lunático" por la recurrencia al espacialismo, es decir, el uso de un conjunto de tácticas en el que la coexistencia de significados se vea intensificada y cuantificada en los poemas, por la inserción del plano visual, que desorganiza o reordena ópticamente los elementos constituyentes, volviéndolos en acto piezas de asociaciones o de un rompecabezas extremadamente aleatorio. Cada pieza se hace pasible de formar parte de varios escenarios divergentes; cada punto es siempre diverso y móvil, el rasgón de un sincronismo.

Por su registro de pulsión alucinatoria lindante con lo esotérico y lo deslumbrante, la escritura de Jairo Rojas hace visible la conexión de lo infinito en lo finito. Es lo que el teólogo Teilhard De Chardin denominaría "teantropofanía": lo divino se manifiesta en cada acto de creación nuestra y en cada acto de creación nuestra se manifiesta las mil caras de lo divino. Incluso su costado más demoníaco. De allí que se establezca, entonces, el discurso lírico como un torrencial idiomático fundado en la simultaneidad, en el desfile constante de imágenes y representaciones desfiguradas por su misma inestabilidad. En definitiva, se ratifica una ganancia insoslayable: el conocimiento poético como razón de ser completamente signado por lo subjetivo, y con ese conocimiento, la incorporación a un nuevo estatuto de la noción de verdad ante la posibilidad de prolongar los poderes propios de un demiurgo, o sea, la creación de mundos, de cosmogonías con leyes propias.

miércoles, 10 de octubre de 2018

Mario Levrero, Caza de conejos, 1973.


XLII
La fuerza de los conejos radica en que todo el mundo cree en su existencia

XLIV
Hay quienes se unen a nuestro equipo de caza no por interés en los conejos, sino en los pájaros. En efecto: quien ame el canto de los pájaros, encontrará en el bosque una tal variedad y una tal especial calidad de en los cantos que quedará maravillado. Son estas personas las que más sufren cuando se enteran, tarde o temprano, de que hay poquísimos pájaros en este bosque, y los que hay casi no cantan o cantan mal o sin ganas; un canto opaco, sin brillo ni energía. Quienes cantan son las arañas, esa clase de arañas enormes y peligrosas que hacen sus nidos en las copas de los árboles y se valen de su canto para atraer víctimas. El amante del canto de los pájaros, hombre de sangre dulce, es la víctima favorita de estas arañas.


LVI
Evaristo el plomero creía cuando era joven, debido a nuestra pronunciación rioplatense de la zeta, que íbamos a casar conejos, y en su primera cacería junto a nosotros fue con un sacerdote. En adelante tomamos el cuidado de pronunciar la zeta al estilo castizo, lo cual favoreció en nosotros el desarrollo de una notable afición por las cosas españolas, y en especial la música. Es así que ahora, los domingos, en lugar de ir de caza nos quedamos en el castillo escuchando discos y hablando de toros.