sábado, 23 de julio de 2022
domingo, 3 de julio de 2022
jueves, 9 de junio de 2022
Elbio Chitaro, Extracción de la piedra de la locura según el método moskalenko.
Texto del libro Extracción de la piedra de la locura según el método moskalenko, 2021, de Elbio Chitaro, ilustraciones de Maca, ediciones Yaugurú.
domingo, 10 de abril de 2022
jueves, 24 de marzo de 2022
La mirada del jaguar. Eduardo Viveiros de Castro
“Ahora,
cuando se interroga a la mitología amerindia, precisamente aquella que
Lévi-Strauss utilizaba para ilustrar la oposición naturaleza/cultura, se
percibe, en primer lugar, que lo que dicen todos los mitos es que, otrora, todos
los animales eran humanos, todas las cosas eran seres humanos, o, más
exactamente, personas: los animales, las plantas, los artefactos, los fenómenos
meteorológicos, los accidentes geográficos... Lo que narran los mitos es el
proceso por el cual los seres que eran humanos dejaron de serlo, perdieron su
condición original. Si la cuestión es colocada de esta manera, se comprende que
estamos en las antípodas de nuestra mitología moderna. Para nosotros, el fondo
común entre los humanos y los otros animales es (justamente) la animalidad, no
la humanidad. Los humanos son una especie animal, pero no exactamente “entre
otras”, pues estamos dotados de alguna cosa más: el alma, la cultura, el
espíritu, el lenguaje, la Regla, lo Simbólico, el Dasein, etc. Entonces, lo que
dicen los mitos americanos es lo opuesto. En lugar de la teoría evolucionista
(lato sensu) que pretende que “los humanos son animales que ganaron algo”, para
los amerindios, los animales son humanos que perdieron algo humano es la forma
general del ser vivo, o incluso la forma general del ser. Presupuesto radical
del humano. La humanidad es el fondo universal del cosmos. Todo es humano.
Cuando los indios intentan expresar esta idea en un lenguaje simple, que lo
podamos entender, dicen: todos los animales y todas las cosas tienen almas, son
personas”
La mirada del jaguar. Introducción
al perspectivismo amerindio. Entrevistas, de Eduardo Viveiros de Castro. Buenos
Aires, Tinta Limon, 2013, 288 páginas.
martes, 8 de marzo de 2022
Leonora Carrington, Memorias de Abajo, fragmento
Aquí
mi libré de todos mis objetos familiares que, por pertenecer al pasado
tumultuoso y emocional, habrían ensombrecido mi labor. Aquí estaba sola y
desnuda, con mi sábana y el sol: la sábana unida a mi cuerpo en una danza.
Aquí, en el solario, me daba cuenta de que manejaba el firmamento. Había
descubierto que era esencial para resolver el problema de mi Yo con relación al
sol.
Creía
que estaba siendo sometida a torturas purificadoras, a fin de poder alcanzar el
Saber absoluto, momento a partir del cual podría vivir en Abajo. Ese pabellón
era para mí la Tierra, el Mundo Real, el Paraíso, el Edén, Jerusalén. Don Luis
y don Mariano eran Dios y Su Hijo. Pensaba que eran judíos, pensaba que yo, una
celta y aria sajona, soportaba estos sufrimientos para vengar a los judíos por
las persecuciones a que estaban sometidos. Más tarde, alcanzada la plena
lucidez, iría Abajo en calidad de tercera persona de la Trinidad. Creía que,
por acción del sol, era andrógina, la Luna, El Espíritu Santo, una gitana, una
acróbata, Leonora Carrington, y mujer. También estaba destinada a ser, más
adelante, Isabel de Inglaterra. Era yo quien revelaba religiones y llevaba
sobre los hombros la libertad y los pecados de la tierra transformados en
Saber; la unión del Hombre y la Mujer con Dios y el Cosmos, todos iguales entre
sí. Ya no me parecía que la hinchazón de
mi muslo izquierdo formara parte de mi cuerpo; se había convertido en un sol en
el lado izquierdo de la luna; todas mis danzas y giros en el solario tenían ese
bulto como eje. Ya no dolía, porque lo sentía integrado en el Sol. Mis manos,
Eva (la izquierda) y Adán (la derecha), se comprendían, y por ese medio se
duplicaba su habilidad.
Con
unos pocos trozos de papel y un lápiz que José me había dado, hice cálculos y
deduje que el padre era el planeta Cosmos, representado por el signo del
planeta Saturno. El hijo era el Sol y yo la Luna, elemento esencial de la
Trinidad, con un conocimiento microscópico de la tierra con sus plantas y
criaturas. Yo sabía que Cristo había muerto y desaparecido, y que yo tenía que
ocupar Su sitio; porque la Trinidad, sin una mujer y un conocimiento
microscópico, se había secado y estaba incompleta. Cristo era reemplazado por
el Sol. Yo era Cristo sobre la tierra en la persona del Espíritu Santo.
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